Monstruo doméstico

Monstruo doméstico 

El Enredaluz




En mi casa vive un monstruo llamado El Enredaluz, una criatura hecha de cables enredados y sombras parpadeantes que respira detrás de cada pantalla. Se alimenta de nuestra atención, y cada vez que me acerco al celular, siento su presencia, como un brillo frío en la nuca.

Cuando quiere atraparme, lanza su Chispa Hipnótica, un destello que convierte cualquier notificación en una trampa mortal de tiempo. Si eso no funciona, libera su Niebla de Procrastinación, que se desliza por mi mente como un veneno suave, susurrando que deje todo para después. Y cuando ya caí, aparece su peor arma: el Eco de Culpa, una voz que se arrastra por mi cabeza repitiendo que fallé, que perdí el día, que él ganó.

El Enredaluz me hace actuar como un fantasma en mi propia casa: inmóvil, distraída, atrapada en un ciclo del que no puedo salir.

Pero hay formas de debilitarlo. Un solo minuto de acción —la Luz del Minuto 1— lo quema como si fuera sol. Poner el celular en modo avión levanta un escudo que él no puede atravesar. Y un temporizador de quince minutos lo obliga a retroceder, gruñendo, hacia sus rincones oscuros.

Nunca desaparece del todo, pero cuando lo enfrento, su poder se reuce a un simple parpadeo. Y yo recupero mi libertad.

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